Calle del Libro en Tagliata. (instagram)
En la Europa rural, donde la despoblación y la disminución de las tasas de lectura son desafíos constantes, una ciudad se destaca por su culto a los libros. Se trata de Tagliata, en el valle de Serena, en el norte de Italia, donde una iniciativa lanzada cada agosto ha atraído la atención internacional: la calle principal de la ciudad está cubierta con más de 3.000 libros donados, una hazaña en una zona con sólo dos residentes.
La iniciativa fue ideada por Giovanni Cortinovis, que, aunque vive habitualmente en el extranjero, regresa cada verano a su casa de la localidad. Hace unos años, Cortinoves instaló un pequeño mueble en la calle del ayuntamiento que contiene su colección de unos 50 libros, que, según su página de Facebook, llevan la etiqueta «Biblioteca estiva del borgo di Tagliata». La respuesta fue inmediata: otros vecinos de la zona comenzaron a donar sus propios libros, ampliando así la estructura, cubriendo finalmente el piso de la Avenida Central con casi 3.000 libros. Hoy, el evento se lleva a cabo el 6 de agosto, fomentando la participación local y la afluencia de lectores de fuera de la ciudad. Ese día, los miembros del club literario «Tagliati per la lettura» pueden recoger hasta cinco libros, mientras que el resto de participantes pueden recoger dos, lo que anima tanto a las donaciones como a los visitantes a volver año tras año.
En la última edición, aproximadamente 900 libros encontraron nuevos destinos, un número significativo en comparación con la minúscula población local. Según la organización, se espera que el compromiso siga creciendo, respaldando el interés generado por redes sociales como Facebook.
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En España se da una situación similar, pero con una particularidad: es el único pueblo del país con más librerías que bares. Urueña fue nombrada «Pueblo del Libro Español» en 2007. Aunque sólo tiene unos 200 residentes, hay más de 10 librerías en las calles. Esta tradición comenzó en 1992, cuando Jesús Alcaraván, un librero madrileño, abrió la primera librería de la ciudad. El empujón decisivo llegó en 2007, cuando un nuevo edificio de oficinas reforzó un compromiso, respaldado también con fondos públicos de la Diputación Provincial de Valladolid.
El atractivo de Urueña como centro cultural lo confirman los miles de visitantes que cada año, atraídos por sus calles empedradas y murallas y la variedad de eventos y talleres literarios que se celebran en la localidad, desde encuadernación y caligrafía hasta tertulias de música tradicional. A pesar de su descenso poblacional, este dinamismo permite a Urueña seguir siendo un referente en la lucha contra el vacío demográfico en la España rural. Ambas experiencias se integran en el contexto del movimiento internacional de la «aldea del libro», que también incluye a Wigtown en el Reino Unido, Tudrestand en Noruega y Fontenoy Lajotte en Francia, que desafían las percepciones sobre el declive rural y demuestran diferentes caminos para revitalizar las estructuras sociales y económicas a través de la cultura.




