
La Fiscalía debe reabrir la investigación por la muerte de la teniente Lina Maritza Zapata, luego de que el Juzgado 58 Penal del Circuito de Bogotá consideró insuficientes los argumentos para cerrar el caso y priorizó el esclarecimiento de hechos con más de 20 años de controversia y posibles irregularidades.
La resolución judicial adquiere mayor relevancia a medida que el caso se acerca a la prescripción, aspecto señalado por la familia y su abogado, Jesús Vergara, quienes advierten sobre la persistencia de pruebas materiales suficientes para continuar con la investigación y la posibilidad de que el asunto sea declarado extrajudicial si se trata de un posible crimen de lesa humanidad.

La decisión se basó en un fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la posibilidad de prolongar los juicios cuando estén involucrados funcionarios públicos.
«En este sentido, queda claro que en el subexamen del plazo prescriptivo de la acción penal respecto de los delitos de homicidio calificado por los que se instruye al Dr. HORACIO SERPA URIBE, en el transcurso de esta fase procesal, tomando en cuenta el límite máximo de veinte (20) años antes referido, se realizará el mencionado aumento de seis (1/6) años, equivalente a seis (1/6) años. dada su condición de servidor público por esos días, como Ministro del Interior del gobierno del entonces Presidente de la República, Dr. Ernesto Samper Pizano; Por tanto, se establece en veintiséis (26) años y ocho (8) meses”, señala el documento.
Los motivos de la decisión sobre el caso relacionado con la Comunidad del Anillo
En una de sus intervenciones recogidas por semana Antes de la última audiencia, el abogado Vergara expresó la posición de los afectados respecto al riesgo de la presentación: «Obviamente las víctimas se opondrán porque consideramos que hay evidencia material suficiente para continuar con una investigación; además, el caso está cerca de prescribir y, lamentablemente, ha pasado mucho tiempo sin que se tome una decisión». La negativa del juez a la solicitud de cierre es, en parte, una respuesta a que la Fiscalía no escuchó a todas las víctimas ni evaluó de manera integral las pruebas aportadas por sus familiares y representantes legales.

Según la investigación, citada por los medios, el cuerpo del teniente Zapata fue encontrado en la Escuela General de Cadetes de Santander, con heridas que no coinciden con la hipótesis inicial de suicidio, e incluso se detectó que no había rastros de pólvora en la mano del agente. Los primeros informes oficiales aludían a un supuesto suicidio motivado por dificultades personales, tesis rechazada tanto por la familia como por su abogado, quien destacó que el agente esperaba impaciente su graduación y tenía varios proyectos personales en marcha.
El fallo judicial detalla irregularidades que afectan la solidez de la versión oficial: la fiscalía concluyó que el fiscal no exploró suficientemente las distintas hipótesis del suicidio y que su tesis principal carecía de la cohesión probatoria necesaria. El juez descartó que la ruptura afectiva con la expareja del cadete, identificada como ‘la gorda’, fuera motivo exclusivo del fallecimiento, ya que el distanciamiento se prolongaba desde hacía meses y no podía considerarse un detonante inmediato.
Entre los elementos relevantes que la Fiscalía no revisó adecuadamente, estuvo el testimonio sobre un posible nuevo vínculo afectivo con otro cadete, Cifuentes, y la existencia de una carta de suicidio cuya autoría se pone en duda, ya que un testigo afirmó no reconocer la carta ni el contenido y describió a Zapata como una persona en ascenso institucional y nuevas relaciones.

Las inconsistencias en la investigación se ven agravadas por la denuncia de diversas maniobras institucionales. Según reconstruyó el citado medio, los funcionarios del colegio recurrieron inicialmente a un perito cercano a la institución, en lugar de informar directamente a las autoridades judiciales. Además, detalles semana La escena de la muerte fue alterada y los objetos personales del teniente fueron manipulados. Esto dificultó la obtención de pruebas objetivas y dio lugar a una investigación que nunca avanzó a pesar del tiempo transcurrido.
El proceso ganó notoriedad pública al estar vinculado a la llamada Comunidad del Ring, una supuesta red de favores sexuales al interior de la Policía Nacional de Colombia. Según fuentes citadas por el mismo medio, esta red ofrecía servicios sexuales desde cadetes hasta oficiales y congresistas, a través de catálogos de fotografías y a cambio de dinero y favores. El escándalo derivó en la condena de dos coroneles, aunque la muerte de Zapata sigue sin responsabilidad judicial.
Los argumentos del Juzgado 58 Penal del Circuito de Bogotá incluyen la necesidad de agotar todas las hipótesis, realizar pruebas técnicas a las armas y la espada, y reconstruir con precisión los hechos. Para el juez, la investigación debe incorporar los testigos y pruebas pendientes, centrar la atención en la posible alteración de la escena del crimen y reconocer los patrones de encubrimiento que la representación de las víctimas atribuye a la institución.
De esta manera, el caso de Lina Maritza Zapata, la única mujer marsellesa, risaralda, que ingresó a la Policía, se ha convertido en un emblema de la impunidad. Para su familia y para sectores de la opinión pública, la falta de respuestas después de dos décadas mantiene un reclamo de justicia y esclarecimiento de los hechos que pusieron en duda las prácticas institucionales de la Policía Nacional.







