8 de abril, a través de ella
Lobistas cuestionaron si el Inpec permitiría este tipo de celebraciones por parte de voceros de agencias criminales que forman parte de la mesa de negociación con el gobierno colombiano sobre el plan de paz de la ciudad.
El futuro de la paz urbana está en juego

En conversación con Infobae Colombia, el abogado e historiador Augusto Forero analiza la polémica por el ingreso de un partido político el 8 de abril en el penal de máxima seguridad de Itagüe. El evento, que incluyó una actuación de un grupo musical dentro de la prisión, generó dudas sobre los protocolos y responsabilidades de las autoridades penitenciarias.
Forero señaló que este caso demuestra que «los delincuentes que adhieren a la política pacífica del Gobierno nacional pueden mantener la frente en alto no sólo ante la justicia, sino también ante la cárcel». El experto insistió en que la autorización para el ingreso del grupo musical provino de «el director y los funcionarios penitenciarios» y que «la responsabilidad recae principalmente en estos funcionarios y el poder judicial debe iniciar una investigación sobre lo sucedido».
Los historiadores enfatizan que «Nadie va a una prisión, especialmente a una prisión de máxima seguridad, y los golpean y luego los excitan».y enfatizó que existen regulaciones estrictas sobre las visitas y actividades en estos recintos. «En este caso no se cumplió ninguna de esas condiciones», dijo Forero.
Aunque los expertos descartaron inicialmente la responsabilidad directa de los grupos musicales, Advirtió: «Hay muchas preguntas sobre cómo un grupo de música no pregunta adónde va, cuando entra en prisión, no pregunta para quién está dando un concierto y si realmente están siguiendo las reglas». Forero agregó: «Lo más grave es que el grupo de música no sabe de dónde viene el dinero»..

Por su parte, Juan Nicolás Garzón, profesor del Programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, analizó los registros del penal de Itagüe y señaló que los citados partidos expresaron dudas sobre la naturaleza del proceso de paz en estas estructuras.
«No estoy seguro de que se le pueda llamar proceso de paz», dijo Garzón, quien afirmó que la situación revela comportamientos recurrentes en las prisiones del país.
«Estos actos, repetidos en las cárceles de todo el país, confirmaron lo que muchos sospechaban: Estas son las estructuras, estos son los delincuentes que se comportan así en todas las situaciones.”.

El académico señaló que según el diputado Carrasqueira, la celebración costó más de 500 millones de pesos, lo que provocó que el gobierno de Petro perdiera la confianza de la ciudadanía y no pudiera llegar a un acuerdo de largo plazo con la estructura criminal del Valle del Abra.
«Esto supone una presión adicional para el gobierno. Escándalos como este ponen a los gobiernos en una posición difícil, ya que continúan respaldando a estas figuras como fuerzas de paz.”.
Respecto a las implicaciones para las estrategias de paz urbana, el estudioso asegura que es imposible negociar con sujetos que continúan comportándose como delincuentes.
«Esta es una señal más de que estos personajes continúan actuando como criminales, como bandidos. Hacer fiestas, meter artistas, encarcelar a mujeres y hacer cosas típicas de organizaciones criminales es un comportamiento típico de bandidos».

Para los expertos, la estrategia del gobierno carece de claridad en varios ámbitos, un ejemplo de ello es la falta de acuerdo para expulsar a los oradores que cometen tales errores.
«La estrategia no está muy clara. Estos incidentes indican: ¿Cuál es la estrategia específica? ¿Cuál es el camino, el camino diseñado y más o menos probado, por el que los gobiernos deben seguir apostando para nombrar un gran número de gestores de paz?”.
Garzón concluye que los resultados de estos procesos fueron limitados y que sólo fueron positivos para los políticos, quienes vieron en la polémica un programa para incrementar su popularidad entre la ciudadanía, mientras en Antioquia seguían sufriendo el poder criminal extralegal a pesar del encarcelamiento de sus líderes.
«En este sentido, el equilibrio es relativamente pobre. Terminamos con debates que arrastran institucionalmente al país, desencadenando debates públicos innecesarios. Se hacen esfuerzos para impulsar estos procesos, pero no se logra nada. El gobierno asume los costos políticos y la oposición señala lo obvio. Al final no logramos nada real en términos de paz.”.






