Cada año es un auténtico termómetro económico y social para la economía regional. No se trata sólo de cultivar uvas: la cosecha determina los ingresos, el empleo y las actividades de miles de familias relacionadas con la viticultura. De cara al 2026, Se espera que la tasa de crecimiento esté entre el 5% y el 10%. Cosecha En comparación con el año pasado, Aunque la situación sigue siendo incierta, según estimaciones del Instituto Nacional de Viticultura (INV).
«Hoy en día no hay predicciones exactas porque los viñedos ya no se examinan sistemáticamente, como se calcula el rendimiento», explica. Daniel Romero, Secretario de Prensa de FOEVA. “Además, la tendencia en los últimos años ha sido una tendencia a la baja año tras año. Acabamos de empezar la vendimia de la uva blanca, por lo que habrá que ver cómo se ajusta esa previsión a la realidad.«, Añadir.
«Los escenarios climáticos son completamente impredecibles», afirmó Romero. «Gran parte de la cosecha se pierde y ni siquiera se puede aprovechar para hacer zumo de uva. La planta está cada vez más expuesta», afirmó el secretario de FOEVA.
Cuyo y NOA, realidades diferentes

Mendoza, San Juan, La Rioja y Salta Aunque la tendencia común es el estancamiento o una ligera caída, enfrentarán diferentes escenarios de cosecha. A pesar de la aparición de nuevas regiones vitivinícolas, Estas provincias siguen siendo el núcleo histórico del evento..
«La situación varía de una provincia a otra, pero las tendencias generales son similares», concluyó Romero. «No se espera que la productividad muestre un fuerte crecimiento, sino que se estabilice o disminuya ligeramente».
La cosecha movilizó miles de empleos temporales, pero el progreso tecnológico continuó. «La actividad es cada vez más tecnificada, lo que reduce la necesidad de mano de obra», explica Romero. El uso de maquinaria y soluciones tecnológicas, a menudo importadas, está cambiando la estructura tradicional del trabajo rural. Aun así, la cosecha sigue siendo vital para muchas familias. “Crea miles de empleos y coincide con el inicio de las negociaciones salariales, por eso surge toda la demanda en la industria”, concluyó el dirigente sindical.
La otra cara de la cosecha: el consumo en mínimos históricos

Mientras la producción intenta sostenerse, el mercado interno muestra signos de debilidad. El consumo de vino per cápita en Argentina cae a mínimo histórico en 2025. Según datos del INV, el promedio anual por persona es de sólo 15,77 litros. A pesar de un aumento anual del 9,6% en diciembre. En términos absolutos yEl consumo total del año alcanzó los 7,46 millones de hectolitros, un descenso del 2,7% respecto a 2024. Los vinos y espumosos sin mención de variedades sufrieron los mayores descensos, mientras que las variedades aumentaron ligeramente.
Recuerdan esto del COVIAREntre el 70% y el 75% de la producción argentina se vende al mercado interno. La proporción es mucho mayor que la de otros países productores. Por tanto, la caída del consumo afecta directamente a toda la cadena. También advierten sobre desafíos estructurales: la necesidad de mejores condiciones macroeconómicas, financiamiento basado en ciclos productivos largos y menores costos logísticos y fiscales que hoy afectan la competitividad de la industria.
De cara a la cosecha de 2026, entre el modesto optimismo de los viñedos y la cautela que provocan los datos de consumo, el sector afronta un año en el que cada racimo de uva cuenta… y cada vaso vacío también.






