
un grupo de científicos de Italia y Rusia Descubrió que los vínculos sociales y coexistencia con animales domésticos como perros y gatos, No sólo mejoran el estado de ánimo, también dejan una marca para el intestino.
Publicaron los resultados en la revista. Reseñas de investigaciones sobre el envejecimiento. Allí revelaron que la variedad y la salud de las bacterias intestinales está directamente relacionada con la cantidad de vínculos sociales y el tiempo que se pasa con los animales.

Sugirieron que el mantenimiento frecuente y vivir con animales Ayuda al intestino a albergar una comunidad bacteriana más diversa y saludable.
Por otra parte, el aislamiento Puede reducir esta variedad y favorecer la aparición de bacterias menos beneficiosas.
Los investigadores afirmaron: «La microbiota intestinal de los humanos parece estar modulada significativamente por el número, el tipo y la duración de los contactos sociales con otros humanos y animales».
Las consecuencias van más allá de la vida emocional. Las relaciones sociales y la convivencia con animales influyen en el equilibrio de las bacterias en el intestino y pueden proteger la salud.
El intestino, espejo de asas

El equipo de investigación intentó comprender cómo lazos sociales afectar el microbioma intestinal en personas mayores.
Partió de una pregunta central: ¿Puede el aislamiento cambiar la composición bacteriana del intestino?

Con esta preocupación, analizaron la evidencia científica sobre la «microbioma social»es decir, el conjunto de microorganismos que varían según los hábitos sociales.
La atención se centró en la cantidad y calidad de los enlaces, evaluando cómo influyen en la diversidad bacteriana del intestino.
Los resultados de los estudios se recogieron en animales. El contacto físico frecuente en especies sociales promueve la transmisión de bacterias beneficiosas, lo que resulta en microbiomas más uniformes y saludables.
Animales, vínculos y soledad.

Durante el estudio, los científicos recopilaron y analizaron investigaciones previas realizadas en diferentes países y contextos.
Observaron datos de personas mayores que experimentaron aislamiento, como pandemia, y los que convivían con animales domésticos.
La revisión incluyó estudios que midieron la composición de la microbiota intestinal antes y después de períodos sin contacto social o con cambios en la convivencia. También se tuvieron en cuenta los trabajos con deportistas, pacientes hospitalizados y niños nacidos durante el confinamiento.
Entre los principales resultados, la evidencia mostró que el aislamiento social se asociaba con una menor diversidad de bacterias intestinales.

En los adultos mayores, esta reducción en la diversidad bacteriana se relacionó con cambios que promueven la inflamación y pueden afectar la salud general.
En cambio, quienes mantenían vínculos sociales o convivían con animales domésticos tenían una microbiota más diversa y equilibrada.
El contacto diario con perros y gatos, según los datos revisados, se relacionó con la presencia de bacterias que ayudan mantener la barrera intestinal y controlar la respuesta inflamatoria.
Los investigadores observaron que «la convivencia con un perro se asociaba con una mayor abundancia en la microbiota intestinal de bacterias conocidas por su mantenimiento de la función de barrera gastrointestinalsupresión de la respuesta inflamatoria y promoción de la sensibilidad a la insulina».

Estaba claro que ambos aislamiento objetivocómo vivir solo, cómo aislamiento percibidopuede influir negativamente en la composición bacteriana del intestino.
El estudio concluye que las personas mayores con más vínculos sociales o contacto habitual con animales tienen un microbioma intestinal más robusto y diversolo que podría traducirse en una mejor salud física y un menor riesgo de fragilidad.






