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El secreto detrás del dulzor que distingue al maní argentino en el mundo

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Se acabó el frío de Córdoba
El frío cordobés y un preciso manejo nutricional explican un dulzor único en el maní que el mercado internacional reconoce desde hace décadas (inta)

En los mercados internacionales, el maní argentino es reconocido apenas se prueba. No es necesario mirar el origen en el embalaje ni leer la ficha técnica: La dulzura es lo primero.

Este atributo, que distingue al maní cordobés de sus competidores en otras regiones del mundo, no es una casualidad ni una moda reciente. Es el resultado de un entorno particular, decisiones agronómicas precisas y años de investigación científica.

Destinos alrededor de Argentina
Argentina exporta alrededor del 95% de su producción de maní y sigue siendo el principal proveedor del mundo. (en)

El frío como aliado inesperado

Los estudios desarrollados en el INTA permitieron poner números y procesos a una percepción que los compradores ya tenían clara. El maní de Córdoba es más dulce porque se cultiva en una de las regiones maniseras más frías del mundo.

Durante el llenado del grano, estas temperaturas más bajas favorecen la transformación del almidón en sacarosa, el azúcar que define el sabor final.

Las comparaciones no dejaron lugar a dudas. Muestras de la misma variedad, cultivadas en Córdoba y en regiones más cálidas como el sur de Estados Unidos, mostraron diferencias sorprendentes: el contenido de sacarosa del maní argentino superó con creces al de sus homólogos extranjeros, llegando incluso a duplicarlo.

Cuando la nutrición aporta calidad

El medio ambiente explica parte del fenómeno, pero no todo. El trabajo realizado en el INTA Manfredi demostró que el manejo nutricional puede profundizar aún más ese diferencial. Al probar diferentes campañas, La fertilización con micronutrientes como el boro y el zinc mostró efectos positivos sobre el metabolismo de los carbohidratos de los cereales.

En zonas con deficiencias de boro, como el sur de Córdoba, la respuesta fue aún más pronunciada. Pero incluso en zonas sin limitaciones nutricionales obvias, los tratamientos lograron aumentar el contenido de azúcar, fortaleciendo el perfil sensorial del maní confitado, destinado principalmente al consumo directo.

Dulce, pero también nutritivo.

El sabor no viene solo. El maní argentino combina este dulzor con una composición nutricional que refuerza su valor en el lineal. Alrededor del 50% del grano corresponde a grasas saludablescon predominio de ácidos grasos omega-9 y omega-6, así como fitoesteroles y tocoferoles con funciones antioxidantes, entre ellas la vitamina E.

A esto se suma un 18% de carbohidratos -donde la sacarosa juega un papel central- y alrededor de un 28% de proteínas de alto valor biológico, junto a minerales esenciales como magnesio, potasio, fósforo, zinc y selenio. Incluso la cubierta de la semilla del grano proporciona compuestos bioactivos con efectos antioxidantes.

Investigación que deja huella

Los trabajos sobre calidad y valor agregado del maní no son recientes. Durante décadas, los equipos de INTA Manfredi han estado evaluando cultivares comerciales y precomerciales en ensayos multiambientales, analizando cómo interactúan el genotipo y el medio ambiente para mantener estables los atributos campaña tras campaña.

Esta trayectoria también nos permitió acompañar la expansión de cultivos altos en oleico y resolver importantes obstáculos comerciales.

Cuando las normas internacionales limitan el contenido de ácido oleico, La evidencia científica generada localmente fue clave para cambiar las regulaciones y abrir mercados estratégicos como la Unión Europea.

Hoy, cada maní cordobés resume este viaje: el clima, la ciencia y la gestión agronómica puestos al servicio de un sabor que no se copia y que sigue siendo una de las principales ventajas competitivas de la Argentina en el mundo.

Fuente: Intá

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