Pidieron al Senado dar aprobación semifinal al proyecto del mercado de carbono para que pueda ser presentado a la Cámara de Representantes (Imagen: Shutterstock)
Argentina enfrenta una oportunidad económica que, de concretarse, podría transformar el carbono en nuevas fuentes de inversión y divisas, afirmó el Consejo de la Industria Agropecuaria Argentina (CAA). Para ello, pidieron al Senado de Estados Unidos que impulse urgentemente una ley que establezca reglas para el funcionamiento del mercado de créditos de carbono.
El Proyecto de Ley Marco Regulador del Mercado Argentino de Carbono ya cuenta con dictámenes en comisión aprobados por la Cámara Alta y está listo para su discusión y votación luego de los plenos de la Comisión General Legislativa, la Comisión de Presupuesto y Finanzas y la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, donde los legisladores unificaron y firmaron los dictámenes. En este contexto, la CAA solicitó al Senado darle la semi-aprobación final para enviar el proyecto a la Cámara de Representantes.
La entidad estima que un marco regulatorio claro le permitirá recaudar entre 1.400 y 3.900 millones de dólares anuales, además de facilitar más de 2.000 millones de dólares en inversiones en el territorio a medio plazo. La atención se centra particularmente en el potencial ambiental de la producción agroindustrial de Argentina.
Gustavo Idígoras, titular de la CAA, advirtió que «para transformar la ventaja competitiva de la Argentina en inversiones y empleos reales es necesario priorizar la previsibilidad y el ordenamiento jurídico» (Revista Chacra)
Sin embargo, la situación actual está lejos de solidificarse. Hay más de 40 proyectos de carbono en marcha en el país, pero la mayoría se limita al mercado voluntario. Dependiendo de la industria, la legislación que permita que estos desarrollos se conecten a los mercados internacionales puede aumentar las oportunidades.
Para CAA, el atractivo de Argentina radica en actividades que reducen o capturan emisiones: el manejo del suelo, la ganadería regenerativa, la silvicultura, la bioenergía y la producción de biocarbón aparecen entre las principales alternativas. Sin embargo, «para transformar esta ventaja competitiva en inversiones y empleos reales, es necesario priorizar la previsibilidad y las instituciones legales», advirtió el presidente de la entidad, Gustavo Idígoras.
La CAA valora el reconocimiento de que la propiedad de los créditos de carbono beneficia a los propietarios de los proyectos. También destacó la posibilidad de libre comercialización de aportaciones destinadas al mercado voluntario sin autorización administrativa previa, lo que consideró podría convertirse en un obstáculo burocrático; diez años de estabilidad fiscal, exención de derechos de exportación y el establecimiento de un registro nacional flexible, liberal y declarativo. El objetivo es evitar la doble contabilización sin permitir que el Estado se convierta en una barrera para el desarrollo de nuevos proyectos.
Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina del Carbono, habló durante un debate en el Senado sobre un proyecto que busca establecer un marco regulatorio para la industria.
Mientras tanto, la Mesa Argentina del Carbono (MAC), que reúne a más de 50 empresas y organizaciones asociadas a la campaña, también presentó en el Senado una propuesta que parte de una premisa similar: Argentina tiene recursos naturales y capacidades tecnológicas, pero necesita reglas que le permitan competir con otros países de la región.
La organización identificó tres definiciones que considera esenciales.
- Determinar con precisión quién es el propietario del crédito generado por el proyecto. Su sugerencia fue que correspondiera al dueño del inmueble sobre el cual se desarrolló el esquema o a quien le transfirió los derechos mediante convenio.
- Establecer la naturaleza jurídica de los créditos de carbono. El MAC recomienda que sea reconocido como un activo intangible de carácter heredado, definición que aportaría mayor claridad en cuestiones tributarias y administrativas.
- Establecer un mecanismo gubernamental que permita la autorización y regulación de transferencias internacionales a través de un esquema competitivo, incluyendo porcentajes mínimos de autorización.
Mientras Argentina define cómo se organizará su mercado, otros países latinoamericanos han avanzado en el establecimiento de marcos regulatorios para atraer inversiones relacionadas con el carbono. Brasil, por ejemplo, lleva a cabo un ambicioso programa de reforestación en la Amazonía (Foto: Pablo PORCIUNCULA/AFP)
En el caso de Sociedades Rurales Argentinas (SRA), el debate se centra en la propiedad del crédito, la reducción de la burocracia y hacia dónde van los beneficios generados por los mercados de carbono. Al mismo tiempo, cree que el desarrollo de créditos de carbono puede ser una herramienta para movilizar inversiones y crear empleos en diferentes regiones del país, especialmente en áreas con potencial forestal y de conservación como la Agencia Nacional del Medio Ambiente, la Agencia Nacional del Océano y la Patagonia.
Las discusiones no ocurren en el vacío. Mientras Argentina define cómo se organizará su mercado, otros países latinoamericanos han avanzado en el establecimiento de marcos regulatorios para atraer inversiones relacionadas con el carbono. Paraguay, Chile, Perú, Brasil, Colombia y México figuran como competidores.
Un mercado de carbono es una herramienta económica diseñada para valorar la reducción o captura de gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono (CO2). A través de estos mecanismos, estas reducciones de emisiones pueden convertirse en créditos de carbono, que son activos que pueden comercializarse. En términos generales, cada crédito representa una tonelada adicional de dióxido de carbono evitada o capturada en comparación con el caso de referencia a través de medidas como protección de bosques, proyectos de energía renovable, mejoras de eficiencia energética u otras acciones de mitigación. De esta manera, las actividades que ayudan a reducir las emisiones pueden generar activos que se pueden poner en el mercado.
El Acuerdo de París, a través de su Artículo 6, incorpora mecanismos de mercado para que los países puedan cooperar para cumplir con sus compromisos climáticos, conocidos como sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (Mesa de Carbono Argentina)
Fundamentalmente, existen dos modelos principales: los mercados regulados, surgidos de regulaciones nacionales o acuerdos supranacionales que imponen obligaciones a determinados gobiernos, empresas o sectores en materia de emisiones; y mercados voluntarios, que operan con base en decisiones de empresas, organizaciones o individuos, comprando créditos, no necesariamente con obligaciones legales.
El artículo 6 del Acuerdo de París adoptado en 2015 incorpora explícitamente mecanismos de mercado para permitir que los países cooperen en el cumplimiento de los compromisos climáticos. Según el esquema, las reducciones de emisiones generadas por un país pueden transferirse internacionalmente para ayudar a cumplir los objetivos de otro país, siempre siguiendo reglas de transparencia y contabilidad.







