El debate sobre la prosperidad social sigue siendo un área de debate de larga data en la teoría económica. En su nuevo libro, rezagados. Nuevas economías para lugares olvidados, maestro Pablo Collier La investigación de Oxford muestra que la clave no son sólo las estrategias clásicas; Incorporar valores humanísticos y éticos. en la vida económica.
Collier cree que una sociedad verdaderamente próspera solidifica un sentido de comunidad, fomentando la cooperación y la inclusión. Este enfoque, sostienen los autores, significa que el papel del humanismo debe ocupar un lugar central en el desarrollo, señalando así un cambio en las agendas académicas y políticas globales.
Afirma que las políticas prescritas por organizaciones internacionales, o las medidas extraídas de la literatura más amplia, son completamente insuficientes para aquellos lugares que quedan atrás después de fracasar en la fase de crecimiento o desarrollo.

El análisis de Collier también incluyó los siguientes valores: liderazgo éticoentendiendo que el progreso social requiere de líderes con capacidad de inspirar y orientar proyectos colectivos, brindando certidumbre ante la incertidumbre. Insistió en que el desarrollo real requería líderes libres de corrupción y abuso de poder y que pudieran ganarse la confianza de sus comunidades.
Según Collier, “los líderes deben poder involucrar a las comunidades para desarrollar proyectos comunes, brindar certeza en situaciones de incertidumbre y además deben tener valores éticos que los mantengan alejados de irregularidades como la corrupción o el abuso de poder”.
El argumento central de Resagados es que las economías necesitan incorporar estos principios humanistas en elementos estructurales para superar la desigualdad material y la fragmentación social.
Así, lejos de agotarse en los debates tradicionales entre mercados, instituciones o inversiones, las discusiones sobre la prosperidad avanzan hacia el ámbito de los valores compartidos y la ética pública, elementos esenciales como el sentido de pertenencia comunitaria parecen ser una condición sine qua non para el progreso continuo.
Al final de su análisis, Collier destaca que incorporar la ética y los valores a la economía va más allá de una dimensión puramente moral: «Los valores y la ética ya no son sólo una cuestión moral, sino que también se convierten en factores de éxito para explicar la prosperidad».
El libro enfatiza que aquellas regiones que han superado con éxito el estancamiento y el colapso no se han limitado a aplicar el libre mercado o fortalecer las instituciones, sino que han optado por construir una base moral común.














