yoPrincesa Irene de Grecia Ahora descansa en el cementerio real de Tatoi, el enclave histórico situado en las afueras de Atenas donde reposan los restos mortales de miembros de la antigua familia real griega. Era una mañana de invierno, marcada por el frío, el viento y el cielo nublado, en la que estaba enterrada la hermana de la reina Sofía. Aunque ha sido un ceremonia privadaCelebrado tras el solemne funeral que tuvo lugar horas antes en la catedral metropolitana de la capital griega, la familia real española ha compartido diferentes imágenes y vídeos del momento.
El funeral se desarrolló en un ambiente de absoluta contemplación, marcado por la naturaleza del lugar y el silencio de los asistentes. Fue un momento íntimo. solo para los familiares más cercanos de Irene y así se ha transmitido. Entre ellos, los Reyes Felipe VI y Letizia, que acudieron acompañados de sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Para el heredero al trono y su hermana era la primera vez que pisaban suelo griego en un acto oficial, detalle que no ha pasado desapercibido en un día tan significativo para la familia.

Todos los asistentes han vestido de luto riguroso, como es tradición, protegiéndose del frío con abrigos oscuros, sin ningún problema para mostrar ese duelo compartido que ha marcado tanto a la familia real española como a la griega.

En esa última despedida, en primera fila, junto al féretro, la reina viuda Ana María y dos de sus hijos, el Los príncipes Pau y Nicolau, muy afectados por la muerte de su tía. Detrás de ellos se encontraban otros familiares, entre ellos las infantas Elena y Cristina, así como varios sobrinos del fallecido.
Especialmente emotivo ha sido el presencia de Irene UrdangarínHija de la infanta Cristina, con quien mantiene una relación muy estrecha con su tía abuela. La joven se ha mostrado visiblemente afectada y encarnó como pocos el dolor de esta despedida. Al finalizar el servicio religioso, fue ella quien llevó consigo la almohada de terciopelo rojo. Las decoraciones de Irene. de Grecia, un gesto solemne que demostró una vez más el vínculo especial que los unía.

El silencio ha sido uno de los grandes protagonistas del funeral. No ha habido discursos ni gestos grandilocuentes, sólo miradas cómplices, manos que se han estrechado y una emoción contenida que ha permeado cada momento. La ceremonia, sencilla y profundamente simbólica, ha puesto el toque final a una vida discretaalejado de los focos, pero imprescindible dentro del núcleo familiar.






