
Durante el año 2025, el Gobierno volvió a posponer sistemáticamente la actualización completa del impuesto sobre los combustibles líquidos y el dióxido de carbono (ICL y CO₂)decisión que implicó renunciar a ingresos tributarios por un total estimado de 2.326 mil millones de dólares. El dato surge de un informe de la consultora Economía y Energía (EyE), que calcula el impacto de los aplazamientos aplicados a lo largo del año para evitar un mayor traspaso a los precios en el surtidor.
La normativa vigente establece que el ICL y el impuesto sobre el CO₂ deben actualizarse trimestralmente dependiendo de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) Nacional Sin embargo, este mecanismo automático fue nuevamente suspendido en varias ocasiones. En cambio, el Poder Ejecutivo optó por autorizar incrementos parciales y diferir el resto del ajuste para meses posteriores, práctica que se repitió a lo largo del año.
Cómo afectaron los aplazamientos a 2025
El informe detalla que la brecha entre la evolución regulatoria del impuesto y su aplicación real se profundizó a lo largo del año. Si bien el importe del ICL y del impuesto al CO₂ deberían haberse ajustado periódicamente tras la inflación, el Gobierno decidió fraccionar las subidas para moderar el impacto en el precio final de la gasolina y el diésel.

En diciembre, el aumento autorizado fue $17,4 por litro de gasolina y $15,1 por litro de diésel. Sin embargo, los montos que quedaron pendientes y arrastrados a los primeros meses de 2026 son sustancialmente superiores: $224,9 por litro de gasolina y $110,7 por litro de diésel, siempre tomando en cuenta los valores nominales publicados por el Indec.
EyE aclaró que estos montos no se trasladan íntegramente al precio de surtidor en todo el país. Esto se debe a que los biocombustibles están exentos de impuestos y las ventas realizadas en la zona sur del país tienen beneficios fiscales. Según el cálculo de la consultora, el impacto efectivo promedio en diciembre fue de $13,7 por litro para la gasolina y de $13,3 por litro para el diésel.
Cálculo de pérdida fiscal
Para estimar la recaudación entregada, EyE tomó como base el volumen de ventas de combustibles en noviembre y diciembre de 2025, asumiendo niveles similares a los registrados en iguales meses de 2024. Además, consideró que el 11% del total de las ventas corresponden a zonas exentas, un recorte obligatorio con biodiesel de 7,5% y con etanol de 12%, factores que reducen la base imponible de 12%.
Con estos supuestos, la consultora concluyó que sólo en diciembre la decisión de aplicar un aumento parcial implicó perder 173 millones de dólares. Esta cantidad se ha sumado a los ingresos a los que el Estado ya había renunciado en los meses anteriores por la misma estrategia, lo que elevó el total anual a 2.326 millones de dólares.

En el informe, EyE recuerda que «para no presionar el precio del combustible en el surtidor, la actualización del importe del impuesto se ha pospuesto en numerosas ocasiones durante los últimos años». Durante el año 2025, esta política volvió a tener un peso importante en las cuentas públicas.
Un esquema que avanza hacia 2026
El aplazamiento de las subidas no elimina la obligación de actualizar el impuestopero varía con el tiempo. De esta forma, parte del ajuste no aplicado durante el año 2025 se concentró en los primeros meses de 2026, cuando está previsto que entre en vigor el incremento acumulado pendiente.
En cualquier caso, a través de decreto 929/2025 El Gobierno volvió a autorizar un aumento parcial de impuestos en enero de este año. Esto significa que el hueco pendiente, tanto para gasolina como para diésel, se mantendrá vigente durante los próximos meses. El ajuste parcial del impuesto previsto para enero de 2026 supondrá una disminución de la recaudación, calculada en 147 millones de dólarescorrespondiente a las ventas de combustibles durante este mes, según estimaciones de EyE.
En términos fiscales, esto significa que los ingresos no percibidos no se recuperarán en 2025, aunque la carga fiscal futura sí aumentará si no se restablecen nuevos aplazamientos. A lo largo del año, esta política permitió moderar el impacto inmediato sobre los precios en el surtidor, pero a costa de una pérdida significativa de ingresos para el Tesoro.






