
Las pequeñas y medianas empresas (Pymes), responsables de casi el 70% del empleo formal en Argentina, enfrentan un contexto de incertidumbre y sin señales claras de recuperación económica. La actual crisis de su actividad limita las expectativas de mejora a corto plazo.
Entre los dirigentes del sector predomina la preocupación por la falta de alternativas concretas para revertirlo caída en la producción y detener el consiguiente deterioro del nivel de empleo. El débil consumo interno y las restricciones financieras profundizan las dificultades.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) expresó cautela y describió un panorama poco alentador para el nuevo año, con varios temas pendientes por resolver. Actualmente, la utilización de la capacidad instalada se sitúa entre el 50 y el 60% y los cierres y despidos se están acelerando.
Los portavoces de la organización han destacado que el Gobierno tiene ahora más margen político para avanzar en reformas estructurales que le permitan ganar competitividad. Aunque consideran necesarios este tipo de cambios, dudan que sean suficientes para revertir el escenario de estancamiento del sector pyme.
«Es fundamental que mejore el clima de expectativas de las personas, así como la previsibilidad, que se consolide una mejora de los salarios reales y que exista un contexto microeconómico más adecuado para favorecer las inversiones», señala CAME.
Es fundamental que mejore el clima de expectativas de la gente, así como la previsibilidad, que se consolide una mejora de los salarios reales (CAME).
Además de la modernización laboral, representantes del sector destacan la necesidad de una reforma fiscal, aunque no prevén que suceda este año.
A esto se suma el déficit de infraestructura que, según la CAME, es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo del sector. La falta de vías férreas y ferroviarias adecuadas limita la competitividad y aumenta los costos.

«Uno está satisfecho de que lo que hemos tenido hasta ahora es un suelo y que, a partir de aquí, la situación irá mejorando poco a poco. Pero este año no habrá demasiado consumo ni un repunte fuerte», afirmaron y resaltaron la importancia de reducir el coste financiero para poder ofrecer mayor financiación a los consumidores.
«Las pymes no están cómodas con esta situación, porque es muy ajustada y el consumo no reacciona. El 70% de lo que producen las pequeñas y medianas empresas se destina al mercado interior y si esto no funciona, no hay demanda para la industria», resumieron.
El vicepresidente de CAME y presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), Alberto Kahalehabía dicho días atrás: «Las fábricas que hace 2 años iban muy bien con una inflación del 200%, hoy son almacenes».
Fábricas que hace 2 años iban muy bien con una inflación del 200%, hoy son almacenes (Kahale)
Por otro lado, Daniel Rosatoafirmó el presidente de Industriales de Pymes Argentinos (IPA). Infobae: “Consideramos que 2026 será un año complejo para diversos sectores de la industria, como Fabricantes de textiles, calzado, equipamiento y automoción.que llegan muy afectados por el aumento de las importaciones y la debilidad del mercado interno. El consumo, que cayó en 2025 por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, es un factor clave para la reactivación de la economía real. Si la situación no se invierte, 2026 se perfila como un año especialmente difícil en estos ámbitos».

El empresario destacó que también hay uno fuerte heterogeneidad: mientras una parte del tejido productivo mejora sus condiciones, una parte mayor las empeora. Esto provoca el cierre de más empresas y la pérdida de puestos de trabajo.
“Las expectativas de mejora están principalmente en sectores como agricultura, finanzas e hidrocarburos, que son los que impulsan el crecimiento de las exportaciones. En cambio, el resto de sectores sensibles e intensivos en mano de obra atraviesan un entorno adverso que podría empeorar en 2026 si no se modifican las reglas del juego”, afirmó Rosato.
Los sectores sensibles e intensivos en mano de obra atraviesan un entorno adverso que podría empeorar en 2026 si no se cambian las reglas del juego (Rosato)
«Sin un proyecto de ley de empleo que haga que la industria en general sea más competitiva con recortes de impuestos, menores costos laborales e incentivos a la inversión, las perspectivas se volverán más difíciles», añadió el líder empresarial.
Matías Bolis WilsonEl economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), ha afirmado: “Está claro, como sector vinculado al consumo, esperamos que la recuperación continúe sólidamente y se mantenga en el tiempo. Por lo tanto, con una macroeconomía más estable y ordenada, y una vez superadas las condiciones críticas de finales de 2023, esperamos que la economía reaccione positivamente”.

Según el especialista, en 2026 la economía crecerá en línea con lo que pronostica el Encuesta de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA, en torno al 3,4%, y el consumo -principal componente de la demanda agregada- acompañaría ese comportamiento, aunque sin visos de auge.
«No vemos amenazas ni por el lado del tipo de cambio ni por la inflación», afirmó, destacando que el nuevo esquema de bandas que entrará en vigor en 2026 prevé una mayor competitividad. Advierte que «el Gobierno no permitiría una revalorización de la magnitud en términos reales».
El nuevo esquema de bandas que entrará en vigor en 2026 prevé una mayor competitividad (Bolis Wilson)
“En última instancia, en el CAC nos enfocamos en la recuperación económica, que constituye la segunda etapa del programa y que no sería posible sin una estabilización previa. Este punto es clave porque de este proceso dependen no sólo el crecimiento y las ganancias de las empresas, sino también las principales variables sociales, estrechamente vinculadas al crecimiento y el desarrollo, como el empleo formal, la pobreza y la indigencia, entre otras”, concluyó Bolis Wilson.





