Una encuesta de la UBA OPSA muestra que el 89% de los argentinos cree que la ciencia aumentará la longevidad y la esperanza de vida en las próximas tres décadas (Imagen ilustrativa Infobae)
Una encuesta muestra que más del 80% de los argentinos cree que la ciencia mejorará significativamente la esperanza de vida en las próximas tres décadas, pero el deseo de sobrevivir indefinidamente no es convincente: la mayoría de las personas sólo aceptarán una vida más larga si son sanas, autónomas y emocionales. La aceptación de la continuidad numérica psíquica es aún menor. El informe, elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) del Departamento de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, pinta un retrato de una sociedad a la vez ambiciosa y contradictoria: la mayoría de la gente espera con ansias los avances biotecnológicos pero está severamente limitada en el significado y la calidad de vida.
El 89% de los encuestados cree que es probable que la ciencia extienda la vida útil en los próximos 30 años, pero sólo el 30% está seguro y el 59% dice que «probablemente sea así». Este optimismo cauteloso se yuxtapone a un claro escepticismo entre los más jóvenes: sólo el 8% de los menores de 30 años piensa que los avances actuales representan ciencia integrada, y el 40% cree que estos avances son más una promesa de marketing que una realidad. En cambio, el entusiasmo casi se duplicó entre los mayores de sesenta años.
También varía el momento en el que las personas esperan que los tratamientos efectivos sean efectivos: el 33% espera tener acceso a tratamientos de rejuvenecimiento en menos de 30 años; El 14% cree que ya existen y el 19% espera verlos en la próxima década. La idea de biografía es fuerte: cuanto más uno se hace mayor, más inminente es el progreso esperado.
Calidad, no cantidad: tareas horizontales
La sociedad argentina prefiere una vida sana y larga, ya que el 83% de las personas elige vivir sanamente hasta los 90 años en lugar de los 150 años físicamente limitados (Imagen ilustrativa Infobae)
Si bien es probable que el futuro de la biotecnología sea abrumador debido al progreso, la opinión pública tiene sus propios límites: el 83% de la gente preferiría vivir 90 años saludables en lugar de 150 años físicamente restringidos. Sólo el 17% elegiría vivir indefinidamente, sin fin, y la edad «ideal» más deseada ronda los 89 años, diez años más que la esperanza de vida actual en Argentina.
El mensaje es claro: la duración por sí sola no cautiva a la gente. Sólo el 4% de las personas priorizaría «vivir muchos años» antes que la calidad de vida. La respuesta constante para personas de todas las edades y géneros es que la longevidad es atractiva sólo si significa más tiempo para estar sano y cuerdo, no sólo la suma de los años.
Esta exigencia también surge cuando se sopesan dilemas: ante la opción de vivir hasta los 200 años pero trabajar hasta los 150, el 60% de las personas diría que no. Si las horas extraordinarias están intrínsecamente ligadas a las obligaciones laborales, pierden su encanto.
Una encuesta detalló que el 89% de los encuestados creía que la ciencia prolongaría la esperanza de vida, y la cifra alcanzaba el 95% entre los mayores de 50 años. (Universidad de Búfalo)
Ante diferentes escenarios, la brecha en la aceptación es significativa. El 52 por ciento se sometería a tratamientos de rejuvenecimiento seguros para restaurar su condición física al nivel que tenía cuando tenía 30 años, y otro 35 por ciento lo consideraría. Sin embargo, sólo el 27% estaría dispuesto a someterse a un tratamiento que les permitiría vivir indefinidamente, mientras que la voluntad de continuidad digital -donde la inteligencia artificial conserva recuerdos para que puedan «hablar» con sus seres queridos después de la muerte- se redujo al 15%.
Como explica el estudio, la diferencia radica en las implicaciones morales, sociales y existenciales de cada intervención. Para los argentinos la renovación es una promesa aceptable y deseable, pero la inmortalidad, especialmente en versión digital, despierta una profunda resistencia.
Es más probable que se acepte el rejuvenecimiento que la inmortalidad, ya que el 52% de las personas están dispuestas a someterse a un tratamiento seguro para recuperar su condición física de 30 años (Imagen ilustrativa Infobae)
Este matiz también surge al considerar a otras personas: el 92% estaría dispuesto a recibir tratamientos rejuvenecedores para un ser querido gravemente enfermo, pero este porcentaje baja si optan por recibir el tratamiento en persona. La distancia enfatiza la apreciación moral de la vida de los demás.
En los datos más convincentes y menos explorados hasta la fecha, el 54% de los argentinos sólo viviría más si sus seres queridos también vivieran más; La soledad es el factor principal para determinar los límites tolerables de la esperanza de vida. El 70% mencionó que “ver morir a alguien que amo” sería lo más doloroso de la vida.
Las relaciones se convierten en una condición inalienable: la longevidad sólo se considera valiosa si se puede compartir. Sólo el 9% de las personas están dispuestas a aceptar la vida eterna, aunque sea para ellos mismos.
Además, cuando se les preguntó acerca de los posibles beneficios de las terapias de longevidad, la respuesta más común fue «más tiempo para pasar con sus seres queridos», lo cual es el doble de probable de lo esperado dados los avances científicos. La soledad, por otra parte, parece ser un espectro enorme: sin conexiones duraderas, pocos elegirían las nuevas tecnologías.
El índice de longevidad alcanzó 44 puntos sobre 100, mostrando un mayor grado de apertura entre los hombres y entre los de 30 a 49 años (Imagen ilustrativa Infobae)
El rechazo a opciones de vida indefinidas apenas se expresó en términos religiosos o demográficos: sólo el 2% citó razones espirituales y el 3% temió una eventual superpoblación. La mitad de los que rechazan la inmortalidad lo hacen porque creen que «la muerte es parte de la vida» y otro 27 por ciento teme aburrirse de una existencia interminable. El temor principal es existencial, no doctrinal.
La preocupación consciente por la muerte fue moderada: «Pensar en la muerte me preocupa» obtuvo un promedio de 2,9 sobre 5, pero esta preocupación, junto con el optimismo sobre el futuro, fueron las variables psicológicas más asociadas con la apertura al resurgimiento y los avances en la longevidad.
El Índice de Apertura a la Longevidad (IAL) es una herramienta original diseñada por el equipo de OPSA y clasifica a la población en 44,0 sobre 100. Los hombres mostraron una apertura significativamente mayor (48,8 en comparación con 39,3 para las mujeres), y el valor más alto se produjo en el grupo de edad de 30 a 49 años (48,4). Los menores de treinta años (nativos digitales) están más cerca de avances radicales, especialmente de continuidad digital.
El índice permite cruces y comparaciones: cuanto mayor es la preocupación por la muerte (r = 0,23) y el grado de optimismo sobre el futuro (r = 0,21), mayor es la apertura reportada a la longevidad. Por otro lado, la correlación con la felicidad actual (satisfacción con la vida) fue casi nula.
El ejercicio es importante para la longevidad (Ilustración Infobae)
La demanda de equidad: oportunidad y papel del Estado
La sociedad debate no sólo cómo aceptar una esperanza de vida más larga, sino también quién debería tener esa posibilidad. El 40% dijo que todos deberían tener igual acceso a los servicios, otro 30% daría prioridad a los que están enfermos, mientras que sólo el 4% eligió los estándares del mercado (quien puede pagar puede obtener los servicios). La ideología marca sólo una ligera diferencia: entre quienes se identifican con la derecha, la visión de mercado se eleva al 17%.
El 48% quiere que el Estado garantice el acceso universal y otro 27% al menos regulará el mercado y los precios. La necesidad del Estado como garante crece con la edad y es más fuerte entre los grupos de izquierda: entre los grupos de derecha, el mercado ocupa un lugar central (32%).
Las preocupaciones sociales superan las preocupaciones individuales: la superpoblación (36%) y la desigualdad (35%) se consideran los mayores riesgos, mientras que el miedo a «tener que trabajar durante muchos años» sólo es significativo entre los grupos más jóvenes.

(Descripción de las imágenes sexuales de Infobae)
El estudio proporciona una base para monitorear cómo las actitudes hacia el resurgimiento y la extensión radical de la vida cambian con el tiempo y entre culturas. Como señala el informe, «una vida más larga es un medio (estar más sano, más despierto y dedicar más tiempo a los propios sentimientos) y no un fin en sí mismo».
El Índice de Apertura a la Longevidad sigue siendo exploratorio y su validez relativa debe ir acompañada de nuevas medidas. Del cuadro técnico se desprende que la encuesta se realizó en agosto de 2026, con 1.851 casos ponderados por género y edad, abarcando todo el país de Argentina, y un rango de error teórico de ±2,3%.
Los datos finales reforzaron las condiciones negociadas de longevidad: «Sólo con buena salud, disfrute y compañía se pueden vivir muchos años». Para el futuro, el desafío de la biotecnología no es sólo brindar años, sino también significado y comunidad.





