Las tasas de morosidad del crédito a los hogares se cuadriplicaron el año pasado, alcanzando el 10,6% en enero, y es probable que empeoren entre febrero y marzo, según el banco central (BCRA).
Según una encuesta privada del mes pasado, el 56,4% de los hogares estaban muy endeudados y más de la mitad de los hogares aún no habían llegado al día 20 de este mes.
El crédito es un salvador
«De esta manera, se reconfigura el panorama de la deuda de los hogares: de un instrumento financiero a un mecanismo de supervivencia», señala el informe.

La deuda surge debido al deterioro de los ingresos. El 56,4% de los encuestados había accedido a crédito en los últimos seis meses, y de este grupo, casi nueve de cada 10 ya estaban experimentando dificultades para realizar los pagos. El 83,9% de los encuestados dijo que sus salarios estaban por detrás de la inflación.
Zentrix señala que la tendencia al endeudamiento no es un hecho aislado, sino que “está integrada en percepciones sociales más amplias de vulnerabilidad”. Más del 53% de la población es considerada de clase baja, “no sólo como definición de identidad sino también como expresión de una experiencia económica concreta”.

De esta manera, la toma de decisiones económicas se reorganizó bajo una lógica defensiva: ya no para mejorar el estatus económico, sino para mantener un nivel mínimo de consumo.
Los salarios empeoran
La deuda deja de ser algo especial y se convierte en un recurso recurrente para compensar la pérdida de poder adquisitivo, aportando lo que falta pero a costa de aumentar las dificultades para pagar la deuda.
Según el Monitor, los problemas de pago -la razón detrás del aumento de la morosidad que muestran los datos del BCRA- ya no son un hecho coyuntural o puntual, sino que reflejan ingresos que desplazan la deuda.

Un pasaje del informe dice: «Los datos describen el mecanismo de ajuste a nivel de los hogares, dividido en cuatro etapas: disminución del poder adquisitivo; dificultad para mantener el consumo mensual; recurso al endeudamiento para cubrir el déficit y creciente incapacidad para cumplir con estas obligaciones». El informe describe esta situación no como un ciclo marginal, sino como un ciclo de equilibrio mayoritario y temporal. «Las consecuencias no son sólo financieras sino también sociales: en la economía, la vulnerabilidad deja de ser una condición transitoria y comienza a afectar las decisiones cotidianas de gran parte de la población».
La brecha entre circunstancias y datos
La misma encuesta refleja una creciente desconfianza o escepticismo sobre la calidad de los datos oficiales que reflejan la evolución de la economía. La encuesta mostró que en marzo, el 65,8% de la ciudadanía creía que los datos de inflación publicados por el Indec no reflejaban fielmente la inflación percibida por los encuestados en su vida diaria.
“Esto no es sólo una discusión técnica sobre el índice, sino una brecha cada vez más clara entre los datos oficiales y la economía que experimentan los hogares”, de hecho, explica el informe, “cuando el 83,9% de las personas confirma que sus salarios no superan la inflación, las percepciones sociales tienden a comparar directamente los datos oficiales con los resultados concretos que tienen en sus bolsillos”.

La encuesta Zentrix mostró que sólo el 28,7% de los encuestados pensaba que su situación financiera personal era «buena» o «muy buena» (frente al 39% en enero), el 31,8% pensaba que era «regular» y el 40,1% pensaba que era «mala» o «muy mala» (el 31% eligió una de estas opciones en enero).
El estudio también mostró un claro deterioro político en la imagen del gobierno: sólo el 28,5% de los encuestados «aprueba» la gestión del gobierno, mientras que el 53,3% «desaprueba». Sobre la imagen del presidente. Javier MillayLas reseñas positivas cayeron del 47% en enero al 40,3% en marzo, mientras que las imágenes negativas aumentaron del 46% al 51% durante el mismo período.
En marzo, el seguimiento abarcó «1.198 casos válidos que abarcan todo el país», con un error teórico de ±2,83%.




