Luis Herrero: El impostor

Brochetas De Tortillas Y Caña

La lógica invita a Sánchez a mostrar mundo para Montella y paga a Puigdemont por pedir quedarse en Ramoncloa

Creo que fue durante el Pont Notre Dame, a mediados de agosto, cuando decidí admitir que era un mentiroso. Esta idea ha ido madurando en mi mente desde la tarde del 23 de julio, cuando el escrutinio de las urnas arrojó resultados inesperados. Yo no, claro. Desde entonces, con la regularidad que requiere leer las noticias todos los días, he tenido que familiarizarme con declaraciones que teóricamente no deberían estar ocurriendo. Fejo insiste en recordar que ganó las elecciones, olvidando que él mismo declaró durante la campaña que en política sólo ganan los que están en el poder. Sánchez gritaba a la gente del pueblo de vez en cuando, diciéndole a Murga que no estaba dispuesto a comulgar con la noria para lograr la ordenación, como si PeriodistasdeGénero entero no tuviera meridianos, y cuando se trataba de adorar el poder, Sánchez era un día- persona de hoy. Puigdemont no ha dejado de insistir incansablemente en que le da pereza pactar con el Partido de los Trabajadores Sociales y negar que no hay pruebas de que esté más ilusionado que tener el culo de un socialista en el aire.

En resumen: nadie se ciñó a los discursos que yo imaginaba cuando todavía creía que los resultados electorales serían diferentes. Fejo debería estar a las puertas del Gobierno, independientemente de los diputados de la oposición, Sánchez se da por muerto e ileso, imagino a Puigdemont absolutamente irrelevante y no va a ser el presentador del espectáculo. Olvídalo, no dije una palabra. Creí en las encuestas y me afectaron mucho. Desde entonces, el paisaje que describen los periódicos cada mañana me resulta confuso. Todo ha cambiado de lugar. Pasé la mayor parte del verano intentando ordenar las cartas y absorber el nuevo paisaje lo mejor que pude. La pregunta que más me hacen estos días es ¿qué pasa ahora? Amigos y conocidos me lo repiten cada vez que me meto hasta el cuello en el agua, incluso bañistas que nunca he conocido en mi vida, no sé si por curiosidad o por confianza en mis capacidades. Movido a analizar. . Cada vez que alguien me preguntaba, hundía la cabeza en el mar y me hacía el muerto.

Fue durante uno de esos episodios de apnea que logré mi propósito de admitir ser un impostor, el cual ahora lo he logrado. Es decir, alguien que finge ser algo que no es. No soy buen analista político –me refiero a la evidencia– y no sé qué esperar, aunque la lógica me lleva a pensar que Sánchez se apoderará del mundo una vez transmitida la sombría investidura de Fejo. Montella, y pagará el precio que exigía Puigdemont para quedarse en Ramoncloa. Brochetas de tortilla y caña de azúcar, porque mucha gente es tan ignorante como yo, pero eso no me sirve de consuelo. Al menos no se les culpará por sus errores.


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