La historia de la moda muestra que la búsqueda de ideales estéticos muchas veces se produce a costa de la salud (Imagen ilustrativa Infobae)
A lo largo de la historia, la moda ha dejado una extensa lista de prendas, cosméticos, accesorios, tendencias y recursos de belleza que prometen lograr el look deseado a costa de efectos físicos específicos. En distintas épocas, la búsqueda de cinturas más pequeñas, siluetas más dramáticas, determinadas posturas e ideales estéticos han sido vinculadas a prácticas que hoy son vistas como amenazas a la salud.
A partir de tales evidencias, distintas publicaciones reconstruyen genealogías de peligrosas tendencias de moda, riesgos físicos, materiales tóxicos, prácticas de compresión y recursos de belleza que marcaron otras épocas.
El recorrido incluyó tacones de aguja, corsés, vestidos manchados con arsénico, maquillaje a base de plomo, productos para el cabello con radio y faldas voluminosas que se incendiaban fácilmente.
Ropa ajustada, sustancias nocivas y cosméticos tóxicos son parte de tendencias de moda con riesgos corporales específicos (Imagen ilustrativa Infobae)
Los tacones altos, los tacones de aguja, la inestabilidad de la marcha, los cambios en la marcha y las lesiones musculoesqueléticas se encuentran entre los ejemplos más duraderos de la relación entre la apariencia y el deterioro físico.
Un estudio científico publicado en PubMed analizó 18 encuestas y encontró que el uso de este tipo de calzado se asociaba con juanetes, dolores musculoesqueléticos y lesiones en los propios usuarios. La revisión no encontró evidencia concluyente para todos los resultados analizados, pero sí encontró patrones consistentes en varias de las afecciones más comunes.
Esta información nos permite interpretar otra perspectiva sobre una tendencia que durante décadas ha sido vista como símbolo de elegancia, feminidad, exclusividad, estilo y estatus. Siete de ocho estudios sobre lesiones en primera persona encontraron efectos significativos asociados con los tacones altos, según la revisión científica. Esta categoría incluye las lesiones sufridas por el usuario, particularmente aquellas que afectan a los pies, tobillos, articulaciones, músculos y equilibrio.
La historia de los corsés, la compresión de la cintura, la estructura corporal, la presión en el pecho y la respiración proporciona otro ejemplo icónico de cómo la ropa interviene directamente en el cuerpo.
Según The Conversation, esta prenda es una de las prendas más controvertidas en la historia de la indumentaria porque encoge visualmente la cintura al comprimir continuamente el torso. Este problema se ve exacerbado por el llamado frenillo apretado, una forma extrema de ajuste que aumenta la tensión sobre las costillas, los órganos, el diafragma y la capacidad pulmonar.
La moda impone corsés para lograr cinturas esbeltas y siluetas estilizadas, pero es perjudicial para el cuerpo (Imagen ilustrativa Infobae)
Otra parte de la historia se explica a través de los materiales, pigmentos, metales, compuestos y sustancias que se utilizan para confeccionar determinadas prendas o cosméticos. Durante la época victoriana, el verdor, el arsénico, los vestidos, los adornos textiles y los artículos de moda se combinaron para crear tendencias de alto riesgo.
Según National Geographic, el pigmento es popular por su intensidad visual, aunque implica un nivel de toxicidad que puede afectar a usuarios y trabajadores textiles.
El caso de Matilda Scheurer se convirtió en una de las pruebas más impactantes del coste humano de la industria. La joven trabajaba con un pigmento verde utilizado en la fabricación textil, que estaba elaborado a partir de arsénico, y acabó sufriendo una grave intoxicación tras una exposición prolongada.
Después de experimentar síntomas que incluían convulsiones y vómitos, una autopsia encontró veneno en el estómago, el hígado y los pulmones, según National Geographic. Su muerte demuestra concretamente que la moda podía implicar graves riesgos químicos mucho antes de que existieran las regulaciones laborales modernas.
Los ideales de belleza también tienen costos ocultos. Durante siglos, las personas que buscaban una piel clara han utilizado cosméticos que contienen plomo, una sustancia peligrosa que formaba parte de diversas prácticas estéticas desde la antigua Roma hasta la Inglaterra del siglo XVI.
Según National Geographic, una de las figuras más asociadas a esta práctica es Isabel I, quien utilizaba cera veneciana para ocultar las cicatrices de la viruela y mantener una tez clara, lo que luego se asociaba con el prestigio social.





